September 29, 2026

Síndrome de caída de la puesta en gallinas ponedoras: causas, síntomas y prevención

Autor
Petr Lolek

Petr Lolek

Business & Sales Manager

Carro con bandejas de huevos junto a un camión de transporte avícola.

El síndrome de caída de la puesta afecta a lotes de gallinas ponedoras que, por lo demás, parecen completamente sanos. No hay tos, apatía ni cambios en el consumo de alimento. La única pista aparece en los nidales: huevos pálidos, de cáscara fina, blanda o sin cáscara, seguidos de una reducción del 10 al 40 % en la cantidad de huevos comercializables (Smyth, 2024). Como las aves no muestran signos de enfermedad, el personal de la granja suele detectar primero el problema en los huevos.

¿Qué causa el síndrome de caída de la puesta?

La enfermedad está causada por el adenovirus del pato 1, también conocido como virus del síndrome de caída de la puesta (Smyth, 2024). Los patos y los gansos son sus hospedadores naturales y suelen portarlo sin presentar síntomas. El virus llegó a las gallinas comerciales a través de una vacuna contaminada, producida en células de pato, y después se estableció en los lotes reproductores (Smyth, 2024; Lera, 2021).

En una explotación de ponedoras deben tenerse en cuenta tres patrones de infección. En la forma clásica, el virus se transmite verticalmente de las reproductoras infectadas a través del huevo y permanece latente hasta que la pollita alcanza la madurez sexual. La infección endémica se propaga horizontalmente durante la puesta, por lo general mediante bandejas para huevos compartidas o reutilizadas; es el patrón que encuentran con más frecuencia los productores comerciales. Los casos esporádicos se deben al contacto directo o indirecto con patos o gansos silvestres, a menudo a través de agua contaminada (Smyth, 2024). El virus también puede transmitirse mediante jaulas de transporte, camiones, personal e incluso agujas de vacunación; además, las heces mantienen su capacidad infecciosa (Lera, 2021).

Síntomas del síndrome de caída de la puesta en gallinas

El primer signo visible suele ser la pérdida de pigmentación de la cáscara, seguida rápidamente por huevos de cáscara fina, blanda o sin cáscara (Lera, 2021). Como las gallinas suelen comerse estos huevos frágiles o estos se pierden entre la cama, resulta fácil subestimar la magnitud real del problema. Algunas aves presentan diarrea pasajera o un leve decaimiento durante unos días, pero estos signos no son constantes y la mortalidad no aumenta (Lera, 2021; Smyth, 2024). La calidad interna de los huevos, la fertilidad y la incubabilidad no se ven afectadas. Por lo general, los lotes recuperan su producción normal en un plazo de cuatro a diez semanas (Lera, 2021).

Si un lote se infecta antes de comenzar la puesta o justo al inicio, puede que simplemente no alcance el pico de producción esperado, en lugar de mostrar una caída evidente.

Diagnóstico

La presencia de huevos de cáscara blanda en un lote que parece sano debe despertar sospechas, pero la confirmación requiere pruebas de laboratorio. La prueba de inhibición de la hemaglutinación y el análisis ELISA son las herramientas serológicas habituales. También puede realizarse una PCR con hisopos cloacales o tejido de la glándula de la cáscara (Smyth, 2024).

A diferencia de la bronquitis infecciosa, el síndrome de caída de la puesta no provoca signos respiratorios ni huevos con crestas o deformaciones. La ausencia de signos de enfermedad en las aves también ayuda a distinguirlo de la enfermedad de Newcastle y la influenza aviar (Smyth, 2024).

Prevención y vacunación

No existe tratamiento una vez que el lote se ha infectado (Smyth, 2024; Lera, 2021). El control se basa en impedir la entrada del virus y, cuando ya está presente en la explotación, vacunar antes del inicio de la puesta. Las bandejas para huevos son una de las principales vías de propagación horizontal. Por ello, asignarlas a una sola granja o lavarlas y desinfectarlas antes de reutilizarlas constituye una medida de control básica (Lera, 2021). Mantener a las ponedoras alejadas de aves acuáticas silvestres o domésticas y clorar las fuentes de agua que puedan estar contaminadas por sus heces ayuda a prevenir los casos esporádicos.

Las vacunas inactivadas con adyuvante oleoso se administran durante la recría, normalmente entre las 14 y las 18 semanas de edad, a menudo junto con una vacuna contra la enfermedad de Newcastle (Smyth, 2024). La vacunación protege frente a la enfermedad clínica, pero reduce la eliminación del virus sin impedirla por completo. Por eso, las medidas de bioseguridad aplicadas a bandejas y equipos siguen siendo necesarias incluso en lotes vacunados.

El síndrome de caída de la puesta rara vez amenaza directamente el bienestar de las aves. Sin embargo, la pérdida de huevos comercializables y la dificultad para detectar los primeros casos hacen que pasarlo por alto resulte costoso.

Referencias

  1. Lera, R. (2021). Egg Drop Syndrome. Hendrix Genetics Laying Hens. https://layinghens.hendrix-genetics.com/en/articles/Egg_Drop_Syndrome-is-a-disease-caused-by-an-adenovirus-affecting-laying-hens-characterized-by-a-fall-in-egg-production/
  2. Smyth, J. A. (2024). Egg Drop Syndrome ’76. MSD Veterinary Manual. https://www.msdvetmanual.com/poultry/egg-drop-syndrome-76/egg-drop-syndrome-76