Las gallinas sanas mantienen una temperatura corporal considerablemente más alta que la de los mamíferos. Conocer el rango considerado normal permite a los productores detectar problemas antes de que aparezcan signos visibles en la parvada.
Temperatura normal en las gallinas: diferencias según la raza y el híbrido
Las gallinas son animales homeotermos, lo que significa que mantienen una temperatura corporal estable independientemente de la temperatura ambiente (University of Kentucky AFS, s.f.). En aves adultas, esa temperatura suele situarse entre 40,6 °C y 41,7 °C (105 °F–107 °F), siendo aproximadamente 41 °C el valor más habitual en ejemplares sanos y en condiciones de confort (University of Kentucky AFS, s.f.; Wasti et al., 2020).
Sin embargo, este intervalo no es idéntico para todas las aves del lote. Las razas de menor tamaño suelen presentar temperaturas ligeramente superiores a las de las razas grandes. Además, los machos acostumbran a registrar valores algo más elevados que las hembras, probablemente debido a su mayor masa muscular y tasa metabólica (University of Kentucky AFS, s.f.). En los pollitos recién nacidos, la temperatura corporal comienza alrededor de 39,7 °C y aumenta de forma progresiva durante las tres primeras semanas de vida (University of Kentucky AFS, s.f.; Cobb-Vantress, 2021).
Los híbridos comerciales también ofrecen referencias útiles. En pollos de engorde Ross 308, mantenidos en condiciones termoneutrales, se registraron temperaturas rectales entre 39,1 °C y 40,6 °C, alcanzando hasta 43,2 °C durante episodios de estrés térmico cíclico (Yehia et al., 2024). En pollitas Lohmann LSL Lite, la temperatura cloacal osciló aproximadamente entre 41,1 °C y 41,6 °C con temperaturas ambientales de 20 °C y 25 °C, aumentando hasta 42,3 °C cuando el ambiente alcanzó los 35 °C. Estos resultados coinciden con la conclusión del estudio de que las aves mantienen una temperatura corporal normal dentro de la zona termoneutral (Cândido et al., 2020). Asimismo, se han investigado características genéticas, como el gen naked neck (cuello desnudo), por su capacidad para mejorar la tolerancia al calor en determinadas líneas genéticas (Wasti et al., 2020).
Cómo medir la temperatura corporal de una gallina
En las explotaciones avícolas, la forma más habitual de controlar la temperatura corporal consiste en realizar una medición cloacal utilizando un termómetro digital de lectura rápida, introducido con cuidado mientras el ave permanece correctamente sujeta (Cobb-Vantress, 2021). Aunque este método ofrece una elevada precisión, resulta invasivo cuando debe aplicarse a un gran número de animales.
Como alternativa, la termografía infrarroja permite medir la temperatura sin contacto físico. La temperatura superficial registrada en zonas como el ojo, la cresta o determinadas áreas del cuerpo presenta una fuerte correlación con la temperatura cloacal, lo que convierte esta técnica en una herramienta muy práctica para evaluar grandes grupos de aves (Cândido et al., 2020).
El seguimiento continuo del peso vivo complementa estas mediciones puntuales de forma totalmente no invasiva, ya que las reducciones inesperadas en la ganancia media diaria suelen aparecer antes o al mismo tiempo que los episodios de estrés térmico que alteran la temperatura corporal.
Por qué la temperatura corporal de las gallinas se desvía de los valores normales
El estrés térmico por calor constituye la causa más frecuente. Cuando la temperatura ambiental supera la zona termoneutral, las aves comienzan a jadear y redistribuyen el flujo sanguíneo para eliminar calor. Si estos mecanismos dejan de ser suficientes, la temperatura corporal interna aumenta rápidamente (Yehia et al., 2024). El estrés por frío provoca el efecto contrario, especialmente en pollitos o en aves con un plumaje poco desarrollado que todavía no han completado su capacidad de termorregulación.
Las enfermedades representan el segundo factor más importante. La fiebre es un signo clínico reconocido en diversas infecciones respiratorias aviares, como la enfermedad de Newcastle y la bronquitis infecciosa. Con frecuencia aparece junto con dificultades respiratorias antes de que aumente la mortalidad (DuPont Animal Health Solutions, s.f.; Merck Veterinary Manual, 2024). Cuando una gallina mantiene una temperatura persistentemente superior o inferior a la del resto del lote sin una causa evidente, conviene realizar una evaluación más detallada.
La termografía infrarroja también permite detectar daños en el plumaje, ya que la piel descubierta emite más calor que las zonas cubiertas por plumas, haciendo que las áreas desplumadas resulten claramente visibles en las imágenes térmicas (Pichová et al., 2017).
Detectar los problemas de temperatura en una fase temprana
La detección precoz consiste en identificar pequeños cambios antes de que se conviertan en problemas visibles de bienestar animal. La báscula avícola automática BAT2 Connect genera diariamente una referencia pasiva mientras las aves se desplazan por la nave, facilitando la detección de desviaciones sin alterar el comportamiento del lote.
Cuando se requiere una revisión específica, la báscula manual BAT1 permite combinar el pesaje con una evaluación física del ave, incluyendo la valoración de la condición corporal, cuando un animal o una determinada sección de la nave necesita una inspección más exhaustiva.
La captura y el pesaje individual también proporcionan muestras de alta calidad en cada sesión, complementando la supervisión continua que ofrecen los sistemas automáticos.
Al combinar los datos de peso con una visión centralizada de las tendencias de la parvada entre distintas naves y ciclos de producción, los productores pueden distinguir una caída puntual de un problema que empieza a desarrollarse, lo que facilita tomar decisiones más rápidas sobre ventilación, densidad de alojamiento o intervenciones veterinarias.
Conclusión
La temperatura corporal normal de las gallinas se mantiene dentro de un intervalo estrecho y ampliamente documentado. Supervisar cualquier desviación, ya sea mediante mediciones directas o analizando las tendencias de peso relacionadas con ellas, sigue siendo una de las formas más fiables de detectar de manera temprana el estrés térmico y numerosas enfermedades.
Referencias
Cândido, M.G.L., Tinôco, I.F.F., Albino, L.F.T., Freitas, L.C.S.R., Santos, T.C., Cecon, P.R. y Gates, R.S. (2020). Effects of heat stress on pullet cloacal and body temperature. Poultry Science, 99(5), 2469–2477. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7597385/
Cobb-Vantress (2021). Cobb Broiler Management Guide. Cobb-Vantress Inc. https://www.cobbgenetics.com/assets/Cobb-Files/Broiler-Guide_English-2021-min.pdf
DuPont Animal Health Solutions (s.f.). Diagnosing respiratory problems in poultry: Common signs are common. The Poultry Site. https://www.thepoultrysite.com/articles/diagnosing-respiratory-problems-in-poultry-common-signs-are-common
Merck Veterinary Manual (2024). Newcastle disease in poultry. https://www.merckvetmanual.com/poultry/newcastle-disease-and-other-paramyxovirus-infections/newcastle-disease-in-poultry
Pichová, K., Bilčík, B. y Košťál, L. (2017). Assessment of the effect of housing on feather damage in laying hens using IR thermography. Animal, 11(4), 661–669. https://www.cambridge.org/core/journals/animal/article/abs/assessment-of-the-effect-of-housing-on-feather-damage-in-laying-hens-using-ir-thermography/C79E712E1D9C4FBD0E28A83A46A36A36
University of Kentucky AFS (s.f.). Chapter 7: Air temperature. Poultry Production Manual, Department of Animal & Food Sciences. https://afs.mgcafe.uky.edu/poultry/chapter-7-air-temperature
Wasti, S., Sah, N. y Mishra, B. (2020). Impact of heat stress on poultry health and performances, and potential mitigation strategies. Animals, 10(8), 1266. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7460371/
Yehia, M., Askri, A., Achour, A., Allard Prus, J.M., Ouellet, V. y Alnahhas, N. (2024). Rectal temperature and heat transfer dynamics in the eye, face, and breast of broiler chickens exposed to moderate heat stress. Poultry Science, 104(2), 104748. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11757760/
