El amoníaco en las naves de pollos de engorde es uno de los factores que más perjudican el rendimiento y, al mismo tiempo, uno de los menos visibles. La investigación permite ahora cuantificar esta pérdida con precisión: las aves criadas en ambientes con 35 ppm de amoníaco pesan 694 gramos menos a los 43 días que las criadas sin exposición a este gas. Esa diferencia representa una pérdida de ingresos por cada ave que sale de la granja.
Una relación lineal entre el amoníaco y la pérdida de peso
Zhou et al. (2020) expusieron a pollos de engorde a distintas concentraciones de amoníaco a partir de los 22 días de edad. A los 43 días, las aves mantenidas en ambientes con 35 ppm registraron un peso corporal medio de 1.522 gramos, frente a los 2.216 gramos de las criadas con aire limpio. La reducción del peso sigue un patrón lineal: a medida que aumenta la concentración de amoníaco, el peso corporal disminuye proporcionalmente. El rendimiento no se mantiene estable para después caer, sino que se deteriora de forma continua conforme aumenta la exposición.
Los estudios sitúan en 25 ppm el umbral a partir del cual el amoníaco empieza a perjudicar el rendimiento de los pollos de engorde (Miles et al., 2004). Al final del periodo de engorde, las concentraciones en muchas granjas comerciales suelen superar las 50 ppm. La diferencia entre el umbral que afecta al rendimiento y las condiciones habituales al cierre del ciclo es lo bastante amplia como para representar una pérdida de producción sistemática y continuada.
Dónde comienza el problema: humedad de la cama y ventilación
La generación de amoníaco depende de la actividad microbiana de la cama. Cuando su humedad supera el 25 %, las bacterias descomponen el nitrógeno de las excretas a un ritmo cada vez mayor. Una ventilación deficiente impide que el gas se disperse a la altura de las aves, concentrándolo donde el lote vive y respira. Este ciclo se agrava porque las aves sometidas a estrés ambiental consumen más agua, lo que incrementa aún más la humedad de la cama y eleva la producción de amoníaco.
El material de la cama influye considerablemente en las emisiones de este gas. Una revisión sistemática y un metaanálisis de Toledo et al. (2019) encontraron que la cama compacta con una costra superficial produce un 49 % menos de amoníaco que la cama suelta y desmenuzable. Las virutas de madera ofrecen mejores resultados que otros materiales de cama para controlar el amoníaco. Mantener la humedad entre el 20 % y el 25 % permite contener la actividad bacteriana dentro de un intervalo que limita la generación del gas.
A qué suelen atribuir erróneamente los productores estas pérdidas
La pérdida de peso relacionada con el amoníaco no se manifiesta mediante signos clínicos evidentes. Las aves simplemente crecen más despacio y la conversión alimenticia empeora. Sin un seguimiento de las condiciones ambientales, es fácil identificar mal la causa. Los productores pueden atribuir el bajo rendimiento a la genética, la calidad del pienso o la presión de enfermedades subclínicas y ajustar los insumos en consecuencia, sin abordar el verdadero origen del problema. Miles et al. (2004) confirmaron que el amoníaco atmosférico perjudica el rendimiento de los pollos de engorde comerciales modernos, lo que refuerza la idea de que no se trata de un riesgo excepcional, sino de un desafío habitual de la producción.
La percepción sensorial del amoníaco tampoco es un indicador fiable de la exposición del lote. Para cuando una persona que entra en la nave nota irritación en los ojos, el gas ya ha alcanzado concentraciones perjudiciales para las aves.
El seguimiento del peso como sistema de alerta temprana
El control periódico del peso corporal proporciona una señal temprana del deterioro de las condiciones ambientales. Cuando la curva de crecimiento se aplana o la conversión alimenticia empeora sin una causa evidente, una concentración elevada de amoníaco debería figurar entre las primeras variables que se investigan. Las desviaciones respecto a la trayectoria de crecimiento prevista pueden aparecer pocos días después de un pico de amoníaco, antes de que se observen signos clínicos.
El estrés causado por el amoníaco también deprime la función inmunitaria, aumentando la susceptibilidad a enfermedades secundarias (Zhou et al., 2020). A su vez, la uniformidad del lote se deteriora, ya que cada ave responde de manera diferente a una misma carga ambiental. La detección temprana mediante un seguimiento preciso del peso permite intervenir ajustando la ventilación, añadiendo material de cama nuevo o tratando la cama antes de que las pérdidas se acumulen en todo el lote.
Fuentes
Zhou, Y., Liu, Q. X., Li, X. M., Ma, D. D., Xing, S., Feng, J. H., & Zhang, M. H. (2020). Effects of ammonia exposure on growth performance and cytokines in the serum, trachea, and ileum of broilers. Poultry Science, 99(5), 2485–2493. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0032579120300614
Miles, D. M., Branton, S. L., & Lott, B. D. (2004). Atmospheric ammonia is detrimental to the performance of modern commercial broilers. Poultry Science, 83(10), 1650–1654. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0032579119533854
Toledo, T. D. S. D., Pich, C. S., Roll, A. A. P., Dai Prá, M. A., Leivas Leite, F., Gonçalves Xavier, E., & Roll, V. F. B. (2019). The effect of litter materials on broiler performance: a systematic review and meta-analysis. British Poultry Science, 60(6), 605–616. https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/00071668.2019.1639iraqi
